Ayer me encerré bajo mis cobijas por horas, con dolores físicos que acentuaban los del alma. No había casi nada ahí abajo, solo una sombra acurrucada respirando lento y esperando no terminara nunca la noche.
Pero terminó y salió el sol de nuevo, igual de seco y triste. Otro viernes sin aliento, como los últimos de este año. Ya no son igual que antes. Mi vida ya no lo es. Ni siquiera es igual que ayer.
Pero terminó y salió el sol de nuevo, igual de seco y triste. Otro viernes sin aliento, como los últimos de este año. Ya no son igual que antes. Mi vida ya no lo es. Ni siquiera es igual que ayer.
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